Cualquiera pensaría que vivir una vida de éxitos propone una serie de resultados beneficiosos en todos los ámbitos, y están en todo lo correcto. Doy gracias a Dios por las bondades adjuntas a mi existencia y trato de conservar la corriente positiva que me permite sobrellevar mi actividad como individuo, músico y comunicador; sobre todo como ejemplo de quienes aspiran lograr lo poco que he logrado.

 

No voy a negarlo, mi entorno es sumamente difícil, lleno de drogas, excesos, complejos, competencias malsanas y egos desmedidos; por mi parte carezco de la simpatía por esos elementos y me acobijo dentro de mi actitud “zanahoria” que caracteriza parte de mis éxitos. Sin embargo, hay cosas que sí me tocan, como el estrés inconsciente que genera el deterioro de mis facultades físicas y me proveen de mala memoria.

 

En los últimos meses me ha tocado viajar mucho por Venezuela y he logrado acumular una cantidad de estrés considerable. El estar lejos de casa, durmiendo en habitaciones de hotel que no reconocen la palabra “casa”, en compañía de quienes, poco a poco dejarán de ser mi crew de músicos y técnicos para convertirse en mi familia sustituta, supone un cambio radical en mis costumbres. Lo que me preocupa es que yo ni siquiera soy famosa, ni me interesa serlo.

 

Mi celular suena las 24 horas del día. Entre PIN, whatsApp, mails, teléfono, Twitter y Facebook, comienzo a sentir que no tengo un break para recordar cómo disfrutar de las cosas más sencillas, pero quizás es normal para alguien que no está acostumbrado a esto. Intento responder todas las preguntas y comentarios de quienes son fieles seguidores de lo que hago, pero confieso que a veces se hace difícil, eso también me estresa, el no poder cumplir con todos de la manera más humilde.

 

Se viene un viaje fuera de Venezuela, muy importante en mi carrera, y debo lograr equilibrar mi cuerpo antes de que pase. No es fácil llevar una vida de demandas hechas por otros, y mucho menos las que se hace uno mismo. Sepan que la cotidianidad de quienes logran lo que muchos admiran, está llena de mucha constancia y no siempre es fácil. Si yo no soy nadie, y ya extraño a mis amigos, la sencillez de sentarse a conversar y a mi familia, no les quiero contar lo que pasa con los grandes artistas.

 

No soy participe del alcohol, las drogas, ni otros medios de “relajación” de este medio, prefiero el deporte, la buena compañía y la soledad de a ratos para mitigar mis preocupaciones, aun así poseo 16 de 22 síntomas de estrés físicos según Brian Weiss, sin olvidar los 9 de los 14 a nivel psicológico – risas-. La verdad es que descubro que la honestidad es la mejor catarsis, prefiero escribir sobre mi estrés que utilizarlo inconscientemente para meterme en problemas.


Sepan que lo más bonito de hacer música es también lo más feo, pero todo está en canalizarlo de la manera correcta, creo que jamás dejaría de hacer música solo por estos pequeños inconvenientes.

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